El cuento de la manzana y el auto del futuro

Los medios de comunicación del mundo entero (en general) nos han bombardeado en estos últimos días con la noticia de que Apple, la compañía de la manzana de Newton, está inmerso en un proyecto secreto para construir un automóvil revolucionario, entre cuyas virtudes está la de no necesitar conductor. Insensato sería desvelar desde mi lejano domicilio madrileño el secreto mejor guardado de una gigantesca empresa en California. Ni siquiera el también poderoso The Walt Street Journal se atreve a grandes especulaciones y se limita a decir que hay un grupo de personas altamente cualificadas trabajando en un proyecto relacionado con la automoción. Nada nuevo, porque desde hace muchos años, los grupos automovilísticos y electrónicos trabajan en el desarrollo común de dispositivos y sistemas que ya están disponibles en los coches de hoy y que llenarán los salpicaderos de los coches de esta misma tarde; ni siquiera hace falta esperar a los del mañana.

Insensato ya he dicho que procuro no serlo; y de adivino tengo una colección de estrepitosos fracasos. Así que me limitaré a comentar algunos aspectos de eso que ha llamado tanto la atención, como es lo del coche que se conduce solo.

Vehículos sin conductor existen desde hace tiempo. Al menos, en el sentido de vehículos sin alguien que maneje sus mandos. Vehículos que vayan de un punto a otro, deteniéndose donde decida una mente pensante o incluso un programa previamente establecido por una mente pensante. Porque lo de la mente pensante, de momento, sigue siendo imprescindible. Tal vez un día, si llega a desarrollarse eso que llamamos “inteligencia artificial”, una máquina pueda tomar la decisión de llevarnos allí donde no había previsto nadie. Pero hoy es solo una hipótesis.

El vehículo más fácil de moverse sin conductor es el ferrocarril. Por razones obvias. Circula por una vía sin posibilidades de salirse; ni siquiera tiene volante de dirección… porque ni tiene dirección, solo sentido. La dirección la decide la vía. Pues bien, en vehículos sobre raíles autodirigidos estamos aún en los comienzos. Algunos trayectos cortos sin grandes complicaciones (como es el caso aquí mismo en la terminal T4 del Aeropuerto Adolfo Suárez) y otros ejemplos más, muy eficaces e interesantes.