El baile funk, la polémica fiesta de los excluidos que luchan por sobrevivir en las favelas de Río

El enorme muro de parlantes blancos del DJ Byano gana volumen con un ritmo repetitivo. Si te paras delante, sientes el cuerpo vibrar cuando arranca el baile funk de la favela de Chatuba, uno de los más auténticos de Río de Janeiro.

La música hace las veces de toque de campanas para la misa, y por las callejuelas de la comunidad van llegando jóvenes a la fiesta. Predominan las remeras y bermudas en ellos; los tops y shorts bien ajustados en ellas.

La canción anuncia que es el momento del funk, cuyas veladas en Río suelen extenderse hasta después del amanecer.

Sin embargo, esta vez la fiesta sí tiene plazo.

La Unidad de Policía Pacificadora (UPP) instalada desde 2012 en Chatuba autorizó el baile sólo hasta las tres de la madrugada, y ya es casi la una.

Como otras favelas de la zona norte de Río, Chatuba tiene una historia de pobreza y violencia que no ha cesado con la llegada de las fuerzas de seguridad para arrebatar el control territorial a los narcos.

Pocos días atrás, la propia base da la UPP fue atacada a balazos por desconocidos, en plena tarde de un sábado.

Unos días antes un joven de 17 años recibió un tiro en el cuello durante un presunto enfrentamiento entre policías y narcos, aunque según sus familiares él no tenía nada que ver con drogas ni delincuencia.

Baile funk

Natã Scott, un habitante de Chatuba de 22 años que vino al baile vestido de remera dorada y gorra de béisbol con visera plana, asegura que las cosas han empeorado en la comunidad.

“Hay muchos tiroteos. La policía llega y está mal preparada, no saben registrar a las personas”, dice. “No podemos hacer una fiesta hasta tarde porque siempre están golpeando la puerta para terminar temprano”.

Ahora la UPP ha decidido vigilar de cerca el baile funk.

Y cuando los uniformados llegan portando fusiles y chalecos antibalas, el aire caliente de la madrugada se corta con un cuchillo.

El funk carioca es un estilo musical estrechamente ligado a las favelas de Río, distinto al funk estadounidense —lo influyó más un tipo de hip-hop denominadoMiami bass.

El género representa “el excluido del excluido”, según ha definido el antropólogo Hermano Vianna.

Pese a eso, se popularizó de forma asombrosa.

Un estudio de la universidad privada Fundación Getulio Vargas realizado entre 2007 y 2008 concluyó que el funk movía más de US$4 millones por mes sólo en el estado de Río, donde los bailes del género convocaban a cientos de miles de seguidores.

A su vez, las canciones que hablan sin tapujos sobre temas como el sexo y la violencia, causaron polémica, prejuicios e inquietaron a políticos.

Río llegó a prohibir las músicas que hicieran “apología al delito” en determinados locales, pero en 2009 reconoció al funk como un “movimiento cultural” popular.

En las favelas ganó ganó fuerza un subgénero del funk conocido como proibidão, que circuló clandestinamente y exaltó el tráfico de drogas, la guerra contra la policía y entre bandas rivales.

El baile de Chatuba, con la música de Byano, ganó fama como uno de los más populares en la década pasada: denominado el “Maracaná del funk”, atraía a miles de personas de distintas clases sociales y estados de Brasil.

Cuentan que los líderes locales de Comando Vermelho, el grupo criminal que controlaba el lugar, lanzaban al público billetes de 50 y 100 reales en plena fiesta.

Pero todo se acabó cuando los militares ocuparon en 2010 el complejo de favelas de la Penha donde se encuentra el morro de Chatuba y la juerga fue prohibida.

“Estamos viviendo el peor momento del funk”, dice MC Leonardo, presidente de la Asociación de Profesionales y Amigos del Funk.

Señala que los auténticos bailes funk de bajo costo y equipos que tocan en vivo están prohibidos en la mayoría de las favelas con UPPs, son objeto de abusos policiales frecuentes, y eso está haciendo que la música pierda la conexión con sus raíces.

“Existen fiestas fantásticas donde tocan funk, pero eso no es un baile funk”, asegura. Y comenta que Chatuba es “el último gran palco” de esta modalidad.

Las autoridades dicen que apoyan el regreso de las fiestas funk en las favelas, pero estableciendo reglas para evitar que molesten a vecinos y ocurran sin control del poder público como antes.

“Pecisamos adecuar la realización de los bailes funk a las cuestiones de seguridad porque sabemos que las cuadrillas intentan apoderarse simbólicamente de los bailes para mostrar poder”, indicó recientemente el mayor Ivan Blaz, coordinador de comunicación de las UPPs.

BBC