Bolivia redujo en una década la pobreza pero tiene nubarrones en su horizonte

Bolivia consiguió en los diez años de gobierno de Evo Morales un crecimiento económico y una reducción de la pobreza sin precedentes, apoyada por los ingresos generados por el gas, pero ahora sus precios han bajado como los del petróleo y eso plantea retos para los próximos cuatro años.

Desde que asumió el poder el 22 de enero del 2006, el mandatario aimara, indigenista e izquierdista, puso en marcha reformas para desmontar el modelo “neoliberal”, hacer del Estado un actor central de la economía e impulsar la industrialización del país, uno de los sueños más extendidos en Bolivia, pero que no termina de nacer.

Con una nueva política económica, bautizada como “Modelo Económico Social Comunitario Productivo”, Bolivia logró un crecimiento promedio del 5,1 % entre los años 2006 y 2014, convirtiéndose en una de las economías más pujantes del continente.

En ese mismo período la extrema pobreza (menos de un dólar de ingreso diario) se redujo del 38,2 % al 17 % y el objetivo ahora es reducir esa cifra a 9,5 % para el 2020 y colocarla en cero hacia el 2025, cuando Bolivia cumpla 200 años como país independiente.

Los resultados de la década pasada sorprendieron a propios y extraños si se comparan con periodos previos a Morales, en los que Bolivia siempre registró los peores desempeños económicos regionales, en medio de sus agudas crisis políticas y sociales.

Otros rasgos distintivos del modelo de Morales son el control de la inflación, un tipo de cambio fijo respecto al dólar congelado desde el 2011, el estimulo del ahorro y créditos en moneda boliviana, la ampliación de la demanda interna, la subvención del coste de los carburantes y los aumentos salariales por encima de la inflación.

También ha sido una clave de la gestión la continuidad del ministro de Economía y Finanzas, Luis Arce, que acompaña al presidente Morales en el mismo cargo desde hace diez años.

Casi todos los análisis coinciden en que el origen del “milagro boliviano” está en el fuerte tirón que le dieron a su economía los altos precios de las materias primas, en particular las del gas natural, que es exportado a los mercados de Brasil y Argentina.

Entre los años 2006 y 2014 los ingresos por la renta petrolera sumaron alrededor de 28.000 millones de dólares, casi cuatro veces la cifra global del Producto Interior Bruto (PIB) anterior al 2005.

La bonanza del período permitió el crecimiento del PIB anual hasta alrededor de los 32.000 millones de dólares, para un país con una población de poco más de diez millones de habitantes, pero cuya población económicamente activa es mayoritariamente informal.

Lo conseguido durante diez años ha merecido elogios del Banco Mundial (BM) y el Fondo Monetario Internacional (FMI), instituciones a las que, no obstante, denosta Morales por considerarlas instrumentos del “imperialismo”.

Sin embargo, el fin del ciclo mundial de los precios altos del petróleo, a los que se indexan los del gas natural, plantea nubarrones en el horizonte para el Gobierno porque en 2015 comenzaron a mermar los ingresos provenientes del energético.

En 2015 la renta petrolera sumó 3.500 millones de dólares, un 35 % menos que en 2014, y la situación puede agravarse este año porque el precio del petróleo sigue a la baja.

El precio del gas natural boliviano se sitúa hoy en cerca de 5 dólares por millón Unidades Térmicas Británicas (BTU), la mitad de lo que percibía Bolivia antes del desplome de los precios

Morales anunció que pedirá ayuda a expertos “amigos” del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), la Comisión Económica Para América Latina (Cepal) y el Banco de Desarrollo de América Latina-CAF, para planificar cómo enfrentar esa rebaja del precio de los energéticos.

La situación también plantea interrogantes sobre la situación financiera y el tamaño de las petroleras nacionalizadas.

La producción no ha logrado diversificarse porque hoy las exportaciones de gas y de minerales representan el 80 % de todas las ventas nacionales anuales y los sueños de la industrialización del hierro y la petroquímica tampoco han dado sus primeros frutos.

Como una respuesta a la crisis pero también como una apuesta a futuro, Morales presentó en diciembre un plan de inversión estatal de 48.574 millones de dólares hasta el 2020, con el objetivo de que el PIB crezca hasta los 55.000 millones de dólares.

EFE