El agua condena a Bolivia y Chile a no entenderse

El agua, histórico elemento de disensión entre Bolivia y Chile por la reivindicación boliviana de recobrar una salida al Pacífico, vuelve ahora a enfrentar a los dos vecinos, esta vez por el derecho sobre las aguas de la región del Silala, que nacen en territorio boliviano pero fluyen hacia el país austral.

La relación bilateral, enrarecida desde hace décadas, atraviesa con esta nueva disputa uno de sus momentos más bajos desde que en 2013 el Gobierno de Evo Morales decidió llevar a Chile ante la Corte Internacional de Justicia (CIJ) para obligar a Santiago a negociar en firme una solución al centenario reclamo marítimo boliviano.

Bolivia perdió su litoral en una guerra contra Chile a finales del siglo XIX y recuperar la costa es, desde entonces, cuestión de Estado para el país andino.

Tres años después de esa primera demanda ante el tribunal de Naciones Unidas, los dos países se preparan de nuevo para verse las caras en ese mismo escenario y también por un asunto de aguas.

Las aguas de la discordia son ahora las del Silala, que según la tesis de Bolivia nacen de manantiales en suelo boliviano, mientras que para Chile se trata de un río internacional, por lo que considera que tiene derecho a su uso.

Según la argumentación boliviana, el Silala fluye hacia Chile por canales artificiales construidos en 1908 para el aprovechamiento de la empresa chilena Bolivian Antofagasta Railway.

Evo Morales anunció en marzo pasado que llevaría esta causa ante la CIJ, pero su Gobierno se desayunó ayer en La Paz con la noticia de que el Ejecutivo de Michelle Bachelet se le adelantó y decidió demandar primero para que la corte de La Haya se pronuncie sobre el asunto, y dictamine si el Silala es un río o son manantiales.

A la sorpresiva maniobra chilena se suma la sorna con la que fue acogida la noticia en algunos círculos bolivianos, ante la rapidez de Santiago en preparar una demanda que, por su parte, el Gobierno boliviano consideraba que tardaría unos dos años en tener lista.

La demanda de Chile difiere de la que pensaba presentar Bolivia, porque si bien Santiago pide a la CIJ que aclare qué tipo de recurso natural es el Silala, el Gobierno boliviano lo que reclamaba era una millonaria compensación económica por el supuesto “uso abusivo” de esas aguas por parte del país vecino.

En cualquier caso, el anuncio chileno no ha hecho cambiar de opinión a Morales, quien este martes anunció una “contrademanda” a Chile por el supuesto robo y uso ilegal de las aguas del Silala.

Así, se da la inédita situación de que Chile y Bolivia estarán enfrentados en la corte de La Haya en tres causas diferentes.

Esta reavivada polémica con el país vecino ha sido calificada por analistas en medios locales bolivianos como un intento por parte del Gobierno de desviar la atención sobre la situación interna, que se le complica por momentos a Morales.

En febrero pasado, el mandatario perdió por primera vez desde su llegada al poder en 2006 una consulta electoral.

Los bolivianos votaron ‘No’ a la propuesta oficialista de modificar la Constitución (2009) para permitir a Morales presentarse a la reelección en 2019, en busca de un cuarto mandato consecutivo.

A ello se sumó una acusación de supuesto tráfico de influencias a favor de una exnovia del presidente, Gabriela Zapata, quien trabajó para una empresa china que se adjudicó millonarios contratos con el Estado boliviano por adjudicación directa.

El asunto, devenido en serial por capítulos ante la supuesta existencia de un hijo entre Morales y Zapata al que nadie ha visto, es el primer caso de supuesta corrupción que salpica directamente al mandatario.

La “cortina de humo” del Silala también sería, según los analistas, un intento de alejar la vista de la creciente conflictividad social y laboral que afecta a Bolivia, donde tras un lustro de calma las protestas han vuelto a tomar las calles.

Con este panorama, las aguas bilaterales bajan revueltas para Bolivia, y deberá ser el alto tribunal de la ONU el encargado de devolverlas a su cauce.

EFE