LeBron James y Michael Jordan, carreras y espíritus conectados por la historia

Con veinte años de diferencia, Michael Jordan y LeBron James lloraron sin ruborizarse después de ganar el campeonato de la NBA en un Día del Padre.

Cuando fluyen lágrimas por un título, el corazón se desnuda y destaca el juego de quienes son el alma del equipo.

Con un gran dolor, Jordan lloró en los vestidores del United Center en Chicago el 16 de junio de 1996. Tres años antes, su padre James había sido asesinado y por primera vez estaba ausente después de que su hijo ganara un título– el cuarto título de los seis que ganó en la NBA.

Tras haber ganado su tercer título la noche del domingo 19 de junio, James cayó de rodillas y lloró en el Oracle Arena de Oakland, California. Fue arrollado por una gran ola de emociones al ganar un ansiado y esquivo campeonato para Cleveland y la región noreste de Ohio, lugar donde creció en pobreza y sin padre.

En diferentes épocas, con diferentes jugadores y circunstancias personales, pero después del triunfo de los Cavaliers por 93-89 en el séptimo juego de la serie, Jordan y James estarán para siempre conectados por una razón histórica.

Los Bulls con los que Jordan jugó cerraron la temporada 95-96 con la entonces marca de 72 ganados, al superar a los SuperSonics de Seattleen seis juegos. Los Cavaliers de James desinflaron a los Golden State Warriors –que habían ganado 73 juegos en temporada regular– para superar a los Bulls de Jordan en el permanente debate sobre el mejor equipo de baloncesto profesional de la historia.

Después de que LeBron sumara tres “obras de arte” al hilo en eliminatorias, los fanáticos de Jordan suspiraron aliviados, ya que su ídolo mantiene el estándar de excelencia para una temporada completa.

Así mismo, un creciente coro de animadores de James claman que su ídolo es el Jordan de nuestro tiempo y que, a sus 31 años, aún joven y entero físicamente, puede rebasarlo y eclipsar los logros del más famoso número 23.

En la nebulosa de la memoria existe la tendencia a pintar los años de Jordan color de rosa, y fingir que nunca sufrió en la cancha o fuera de ella.

En contraste, los defensores de LeBron lo consideran el atleta estadounidense más criticado y observado, lo cual se agrava además por el efecto polarizador de las redes sociales.

LeBron James (23) rodeado por sus compañeros Kyrie Irving (2), J.R. Smith (izquierda) y Kevin Love

Por ser apostador y por haberse negado a pronunciarse sobre temas sociales –lo cual sí ha hecho LeBron– Jordan fue atacado por la crítica social incluso de forma más mezquina de la que se critica a James por sus decisiones sobre dónde y cómo jugar.

Jordan era particularmente espectacular en las finales pero, al igual que James, tuvo noches en las que su juego lo traicionó y sus compañeros tuvieron que salvarlo. El juego 6 de la serie final de 1996 (en el que sólo anotó 5 de 19 tiros) fue uno de ellos.

La siguiente temporada, en el clímax de un cerradísimo juego 6 en la serie final contra Utah, Jordan supo que los Jazz le harían marcaje doble y le pidió a Steve Kerr que estuviera desmarcado.

“Estaré listo”, le dijo Kerr en la banca justo antes de anotar el rebote que les dio el campeonato, un clásico ejemplo de la confianza que tiene una súper estrella, que no es fácil adquirir en el nivel en que Jordan competía y en el que, admitámoslo de una vez, ahora compite LeBron.

Hace un año, enfrentando la eliminación en casa en el juego 6 contra los Warriors, con un equipo empobrecido y poco impresionante, LeBron dijo que aún creía que los Cavaliers podían ganar porque era “el mejor jugador del mundo”.

Los expertos reaccionaron ante el engreimiento, por lo que Dru Joyce II, su entrenador de bachillerato en Akron, Ohio, tomó el teléfono y dijo algo como ¿realmente creen que es a sí mismo a quien tiene que convencer?

“No puede tener miedo de decirlo cuando todavía está tratando de ganar este campeonato, de hacer algo con esa convicción”, dijo Joyce, una de sus figuras paternas.

Jordan ganó cuatro de sus seis títulos después de los 30. James parecía de 30 desde que entró a la liga con 18 años en 2003, pero le tomó mucho tiempo lidiar con el concepto de liderazgo en la cancha antes de convertirse en un producto terminado y desplegar su espectacularidad.

Esta vez James llegó a las finales con un equipo sano, pero después de una temporada que él llamó caótica, pues existía el mandato, que él mismo ayudó a crear, de ganar o fracasar.

¿Podía James coexistir con un guardia que domina el balón como Kyrie Irving? ¿Podía sacar lo mejor de un atléticamente disminuido y algo raro Kevin Love?

“Síganme”, gritó en la reunión previa al juego 3, después de dos derrotas en Oakland. Con los Cavaliers tratando de ser el primer equipo en regresar de un 1-3 adverso para ganar el campeonato, y con Draymond Green suspendido para el juego 5, James dio un ejemplo de voluntad y entrega como pocos lo habían hecho antes.

Kyrie Irving respondió con brillantez y con un triple que valió un campeonato sobre Stephen Curry, quien ha perdido su sello de identidad. J.R. Smith controló su voluntad para el desorden en beneficio de James, de una manera en que nunca pudo hacerlo para Carmelo Anthony en Nueva York, y lloró con él apenas terminado el partido.

Kevin Love ganó 14 rebotes ese domingo y tuvo un superávit de 19. Por mucho, la mejor marca para un Cavalier. Defendió como un titán a un frenético Curry que lanzó un triple a lo tonto que no pasó ni cerca.

Después de eso Love fue el primero en abrazar a James y sonó como un burócrata norcoreano al referirse a él muchas veces como “nuestro líder”.

LeBron está a medio camino de alcanzar a Jordan en número de campeonatos, pero ese no es el punto ahora que ha logrado algo incalculablemente fenomenal, casi mítico: un partido final de temporada tan emocionante, que tuvo el rating más alto para una final desde el último partido de Jordan en 1998.

Otra coincidencia entre Jordan y James, con la liga llorando de emoción ante la caja registradora.

nytimes.com