Una barca de juncos del lago Titicaca desafiará el océano Pacífico

En el centro de La Paz, ocho artesanos aymaras construyen, con una milenaria técnica indígena, una embarcación de 18 metros de eslora con juncos de totora para desafiar al océano Pacífico.

Phil Buck, un biólogo estadounidense, es el cerebro de la travesía en esta balsa de totora. Durante seis meses pretende recorrer unas 10.000 millas náuticas (18.520 kilómetros), desde el puerto de Arica, en el norte chileno, hasta la ciudad australiana de Sídney.

Pretende demostrar que hubo migración ancestral entre los dos continentes y revalorizar la cultura indígena que habitó poblados circundantes al lago Titicaca que comparten Bolivia y Perú, a 3.800 metros sobre el nivel del mar.

Más de 20 toneladas de fibras de totora de hasta dos o tres metros han sido trasladadas desde el Titicaca, donde crecen naturalmente, hasta una plaza en el corazón de La Paz convertida en astillero altiplánico, a la vista de todos.

Ya en 1947, el noruego Thor Heyerdahl realizó el viaje desde puertos peruanos hasta el archipiélago Tuamotu, en la Polinesia, a 8.000 kilómetros de distancia, y el español José Kitín Muñoz atravesó el Pacífico en 1999 en balsa de totora, desde Arica.

Ingeniería ancestral

Provenientes de la isla de Suriqui, en el Titicaca -la meca de la construcción de balsas de totora-, los artesanos entrelazan manualmente los juncos, los sujetan con cuerdas y las van colocando pieza a pieza para construir el bote. Con un cuchillo cortan lo que sobra.

Una máquina eléctrica, que reemplaza la fuerza de unos 20 hombres, se encarga de tesar las cuerdas que envuelven circularmente al barco para lograr una mayor compresión de la planta acuática.

“Se necesita mayor presión de la totora para que la balsa flote, para que el agua no penetre, es clave tesar”, dice a la AFP al maestro constructor aymara Erik Catari, de 44 años, proveniente de una familia de constructores.

El barco ha sido bautizado como el “Viracocha III”, en alusión a un dios indígena creador. Es el tercer barco que desarrolla el expedicionario Buck. El I navegó en el 2000 desde el puerto de Arica hasta la Isla de Pascua y el II fue el primer intento de llegar, en 2003, desde el puerto de Valparaíso hasta Sídney, pero fracasó poco después de zarpar.

El Viracocha III tiene el típico color amarillento del junco andino. Hay 18 metros de distancia desde la proa hasta la popa y tiene una altura de 2,10 metros. Tendrá tres mástiles de entre 12 y 18 metros y pequeñas habitaciones para dormir.

Coca, quinua y peces

“Este es el segundo intento para llegar a Australia. Este viaje no se ha hecho y cuando lleguemos será el viaje más grande en estas balsas en la historia moderna”, le dice a la AFP el biólogo Buck, ansioso de terminar la embarcación y de trasladarla en camión hasta Arica, Chile.

Para este aventurero, expedicionario e investigador el fin es “poder demostrar cuánto tiempo pueden flotar estos botes”.

La tripulación será de unas 10 personas, de diferentes nacionalidades para asegurar la travesía de unos seis meses.

“Vamos a pescar todos los días. También vamos a llevar quinua y papa, hojas de coca por qué no”, dice Buck, padre de tres hijos.

“Me encanta Bolivia y su cultura (…) en el resto del mundo no hay esta tecnología, es como un arte”, dice este investigador de 51 años.

El viento como motor

Esperan zarpar de Arica el 26 de febrero de 2017. Una primera fase será llegar en 60 días hasta cerca de las Islas Marquesas, un archipiélago en la Polinesia Francesa. Luego navegarán a Tahití, en 30 días; otros 30 hasta las Islas Fiyi, 30 más hasta Nueva Caledonia y, finalmente, arribarán a Sídney.

Con el viento como único motor, el plan es cubrir unas 100 millas náuticas por día.Aunque el plan es cubrir la ruta en un barco artesanal, se apoyarán con un GPS, teléfonos satelitales e internet, pues “tenemos que enviar imágenes para nuestros auspiciadores, un documental, y mandar imágenes a millones de niños que seguirán la expedición”, explica Buck.EL gobierno boliviano y el canal estatal de televisión de La Paz, la ciudad de Arica y otros empresarios están haciendo posible este proyecto.

AFP